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Beta Constante

En mi primer post, quiero compartir con ustedes un pensamiento, una filosofía, un concepto que lo tengo dando vueltas en la cabeza hace tiempo. No creo ser el único que alguna vez tuvo la sensación, en algún momento de la vida más que en otro, que la situación cambió aunque no lo hayamos buscado. Lo que venía siendo ya no es. Incluso si llevamos un estilo de vida monótono.

Aunque a veces no nos demos cuenta, el cambio en nuestras vidas es constante. Desde el inevitable hecho de que el tiempo pasa y somos cada vez más grandes (con las consecuencias que eso conlleva), hasta ese momento en que nos miramos al espejo y decimos “Quien hubiera pensado que yo estaría hoy acá y que habría logrado todo lo que logré”. Personalmente, intento ser bastante analítico. Cada vez que puedo, paro la pelota, levanto la vista y miro el campo de juego. Me sirve para saber donde estoy parado, para ver hacia donde debería intentar seguir, pero fundamentalmente, para ver las cosas que pasaron a mi alrededor. Como cambió mi entorno, como me cambió a mí, y como actué yo en consecuencia. Porque de ahí sale el concepto de Beta Constante. Beta Constante implica mejorar. Si ayer tenía algo y hoy cambió, pero no mejoró, entonces empeoró. La vida, las personas y las situaciones cambian, pero solo las personas tienen la capacidad -y por ende la obligación- de aprovechar esos cambios a su favor. Crisis es oportunidad. Está en nosotros verla. Crisis es coyuntura, falta de estructuras, momento de cambio. Cuando la situación a mi alrededor cambia, cuando no hay estructuras, es el mejor momento para acomodar lo que puedo acomodar para que, cuando la cosa se normalice, terminar mejor parado. Eso es lo que yo llamo Beta Constante.

Pero lograr eso no es fácil. Requiere de una serie de virtudes, y cada una de ellas, atribuida a cada una de las tres partes que nos hacen quienes somos: Mente, cuerpo y corazón (o el alma).

A la mente le tenemos que exigir optimismo. Si no somos positivos, terminamos antes de empezar. Necesitamos una cuota de fe para poder encontrar el crecimiento en cada oportunidad.

En segundo lugar tenemos al cuerpo, del que vamos a necesitar agilidad. Una vez que logramos ver la oportunidad, tenemos que movernos. Toda reacción necesita una acción anterior. Para que las cosas salgan como yo quiero, necesito actuar. Buscar el destino en lugar de esperarlo.

Y por último, pero no menos importante, está el corazón. El corazón es el que nos da la fuerza que el cuerpo necesita. Es el que siente incluso cuando la cabeza no puede pensar. Cuando la mente se rinde, tiene que ser el corazón el que diga que sí se puede. Escuché de una mujer que levantó un auto para sacar a su hijo de abajo.

Eso, para mí, es Beta Constante.

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