La vida es un juego. Juguemos.

Hace poco menos de un año, mi vida cambió por completo. Mi primer hijo llegó al mundo y todo lo que me rodea dio un giro de 3600° (si, dije tres mil seiscientos. es decir, 10 vueltas). Pero hoy no vengo a hablar de todo lo lindo que implica ser padre. No de todo, pero sí de una parte: el aprendizaje. Y no hablo del aprendizaje del protagonista de este post, sino del mío como padre y como persona.

En fin. Hoy vengo a compartir con ustedes algunas de las cosas que llevo aprendidas en estos últimos once meses (sin tener en cuenta el embarazo, tiempos donde también se aprende, se los aseguro). Los que me conocen y los que empiezan a conocerme a través de estas lineas, sabrán que soy una persona que disfruta aprender. No me da vergüenza decir no se, ni me da vergüenza decir donde aprendí tal o cual cosa. Y hoy tengo el honor de tener de profesor a alguien que tiene mucho para enseñar. No es porque sea mi hijo. Cualquiera que tenga hijos va a entender de lo que hablo.

Mi hijo me enseñó que los bebés no esconden sus sentimientos. Cuando le caes bien a un chico, podés estar seguro que te lo va a hacer saber. Y si no le caes bien, también. Los chicos no conocen la falsedad. Es un ejemplo que deberíamos aprender los adultos. Cuando escondemos lo que sentimos, lo único que ganamos es alimentar una relación falsa o no darnos una oportunidad. Por poner dos ejemplos cortos: si la chica que me gusta no se entera, nunca voy a tener la chance de invitarla a salir. Por el otro lado, si mi pareja no sabe que ya no siento lo mismo, voy a estar alimentando una relación que quizás no debería ser.

Gracias a el aprendí que un bebé no tiene memoria del dolor. Un bebé que se agarra de la mesa para pararse y se cae y se golpea, vuelve a intentarlo ni bien deja de llorar. Y acá me meto en un punto de doble aprendizaje, porque el no tener memoria del dolor puede jugarnos en contra o a favor. No vaya a ser que por intentar y no rendirse, pequemos de reincidentes. Creo que fue Albert Einstein que dijo que “Si queres resultados distintos, no sigas haciendo lo mismo”. No hacer lo mismo y dejar de intentar son dos cosas diferentes.

Nada más mirarlo noté que los bebés son curiosos por naturaleza. Los bebés son observadores silenciosos. Desde la cuna o desde el suelo cuando son un poco más grandes, miran todo lo que pasa a su alrededor. Miran y copian en silencio. Es su forma de aprender. Son esponjas ansiosas de aprendizaje. Si los grandes tomáramos el ejemplo, probablemente tendríamos mucho más conocimiento, muchas menos frases sin sentido y definitivamente  muchas menos estupideces en nuestro haber.

Intentando hablar con el entendí que los bebés no hablan al  nacer, pero escuchan incluso desde que están en la panza. No en vano los oídos están más cerca del cerebro. Para escuchar primero y hablar después.Esto no quiere decir que los bebés no se comuniquen ni mucho menos. De hecho, al no poder hablar, desarrollan un lenguaje no verbal. Y eso también es muy rescatable. Cuando no tenemos las herramientas para determinado fin, desarrollemos nosotros mismos neustras propias herramientas. Si un bebé puede, por qué  nosotros no?
Los bebés son dependientes para casi todo. Si pudiéramos captar, como si fuese una fotografía, el momento exacto en el que un bebé descubre que puede gatear, o que se puede parar solo, o que sabe agarrar la mamadera y comer sin (tanta) ayuda, seguramente tendríamos una foto que expresara felicidad, independencia, orgullo propio. Cuántas veces en la vida terminamos conformándonos con la opción más fácil. “Vos empezá que yo te sigo”. Empezamos siendo dependientes, después nos volvemos facilistas, y después caemos en el conformismo. Cuando nos queremos acordar, ya dependemos de otros obligatoriamente porque estamos muy grandes para hacer las cosas por nosotros mismos.

Gracias a mi hijo me di cuenta que la vida es un juego. Por eso propongo que agarremos el mazo, elijamos nuestras cartas, y juguemos.

Quiero hacer un agradecimiento especial en este post a @DCquilibrado que me ayudó muchísimo y lo hizo de onda.

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3 pensamientos en “La vida es un juego. Juguemos.

  1. javier62 dice:

    Uriel,es asi!y me encanta tu refleccion.todos tendriamos que aprender de eso.un abrazo
    javier Macrina

  2. Eldeallado dice:

    Que suerte, poderte leer en un lugar dónde NO insultes ni hables como un fajme, que suerte!!! aunque tu kipá sea diminuta, quedás muy mal con cada insulto que emitís.

    • En primer lugar, es “poder leerte”. En segundo lugar, si querés atacarme, no lo hagas anonimamente. Tené el coraje de darme tu nombre así al menos tengo derecho a réplica.

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