Del tiempo y el espacio.

Dicen que estamos por debajo del tiempo y la distancia. Que estamos supeditados a sus leyes, que no las podemos burlar. Sin embargo acá estoy yo. Festejando con vos tu cumpleaños número sesenta y cinco. “¿Festejando?” se preguntarán algunos. Si, festejando. Cómo no voy a festejar, si a pesar de lo que dicen, lo nuestro es una burla a ese tiempo y a esa distancia. Si nunca te fuiste de mi vida. Si me acompañás todo el tiempo. En todas mis decisiones, en todos mis momentos. Cuando terminé la escuela, ahí estabas, para decirme “te lo merecés, por haberte roto como te rompiste”. Cuando conociste a Yael, me acuerdo que viniste a mi habitación, a felicitarme y a decirme lo bien que te caía, lo mucho que te gustaba y que no la dejara ir por ningún motivo. Cuánta razón tenías. Después me recibí, y la tarde que me dieron el diploma, obviamente ahí estabas, para abrazarme y decirme que estabas orgulloso de ver hasta donde había llegado. Esa misma semana me casé, y como era de esperarse, estuviste presente cuando dejé a 400 invitados con la boca abierta por “olvidarme” a mi esposa en la entrada al salón. Un año y medio más tarde, llegó mi primer hijo, que obviamente lleva tu nombre. Le puse alta la vara, pero es hijo mío, y lo que es más, es nieto tuyo, así que no creo que se achique. Y hace nada, pero nada, llegó Shirá, y vos, con el amor a la música que impregnaste en lo más profundo de mi ser, seguís presente. Y así puedo seguir, pero todavía no sé lo que viene. Y no es que esté por debajo del tiempo, es que quiero permitirme disfrutar del factor sorpresa.

Un día como hoy cumplirías 65 años. Pero eso es para los que se esconden en el verso ese de tiempo y el espacio. Para mí, que estás todo el tiempo conmigo y vas a estar hasta el último día de mi vida, es igual.

Felices 65 o 17 o 143. Lo que importa es que estás acá y ahora.

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Madre hay una sola

Nesu Juejati ha escrito:

Y ahí estaba yo, tranquilo, procrastinando en FB, con Shirita al lado que no quiere dormir, cuando… ♪♪♫De pronto splash! La chica del pañal marrón! ♫♫♫♪
La madre ocupada en la cocina, así que ahí estaba yo, que me sentía FM9 entrando por Messi lesionado. El partido se puede ganar, pero va a ser difícil.
Como la cancha estaba muy embarrada, no había posibilidad de toallita húmeda y cambio de pañal, había que lavarla en la pileta, cosa que nunca hice ni puedo hacer ya que soy papá, no mamá. O sea, 0 a 0 vs. Inglaterra en el Monumental. La ida en el Old trafford perdimos 2 a 1.
Me las arreglo para agarrarla, levantarle el body, sacarle el pañal sucio. Abro la canilla, acomodo la temperatura y cuando empiezo a laburar, vómito de costado que me enchastra el brazo y el pie izquierdos. O sea, 89´.
Termino de lavarla como puedo, saco el toallón para envolverla y de un golpe tiro un vaso con agua al piso que me moja la rodilla. A todo esto, mis nervios me llevan a gritar en mute la puteada más gráfica que tengo en mi listita de puteadas, que no viene al caso cual es. Acá es donde Rooney me gasta porque cree que tiene el partido ganado y me hace falta en la esquina izquierda de la medialuna del área.
Voy a su pieza, traigo un pañal, la cambio, la acomodo en la cama y le pongo el gimnasio. Pachorra me hace la seña para que lo patee yo.
Vuelvo al baño, limpio el vómito, seco el piso, agarro el pañal sucio, lo tiro a la basura y saco la basura. Joe Hart me mira, cree que me lee y para la barrera para cubrir el segundo palo. Se planta en la mitad del arco.
Cuando termino con la situación, escucho que Shira vuelve a reir, ya relajada por el mini baño, y jugando tranquila en el gimnasio que le puse sobre la cama. Tomo carrera, lo miro a Hart, miro el primer palo. Suena el silbato, miro la pelota, me acerco, acelero, el corazón me estalla, le pego a la pelota, la pelota empieza a tomar efecto, la barrera salta, no llega, la pelota pasa, el arquero se queda clavado en el primer palo, mira la pelota acercarse al arcoooo y goooooooouhhhhhhhhhhhh!!!! Pega en el palo y sale disparada hacia el cielo y cuando cae, la espera Hart para embolsarla.
Y bueno, soy FM9, a esto los tengo acostumbrados, pero Shira se quedó dormida con el relato eso es lo que cuenta.
A los que llegaron hasta acá, gracias por leer.

La vida es un juego. Juguemos.

Hace poco menos de un año, mi vida cambió por completo. Mi primer hijo llegó al mundo y todo lo que me rodea dio un giro de 3600° (si, dije tres mil seiscientos. es decir, 10 vueltas). Pero hoy no vengo a hablar de todo lo lindo que implica ser padre. No de todo, pero sí de una parte: el aprendizaje. Y no hablo del aprendizaje del protagonista de este post, sino del mío como padre y como persona.

En fin. Hoy vengo a compartir con ustedes algunas de las cosas que llevo aprendidas en estos últimos once meses (sin tener en cuenta el embarazo, tiempos donde también se aprende, se los aseguro). Los que me conocen y los que empiezan a conocerme a través de estas lineas, sabrán que soy una persona que disfruta aprender. No me da vergüenza decir no se, ni me da vergüenza decir donde aprendí tal o cual cosa. Y hoy tengo el honor de tener de profesor a alguien que tiene mucho para enseñar. No es porque sea mi hijo. Cualquiera que tenga hijos va a entender de lo que hablo.

Mi hijo me enseñó que los bebés no esconden sus sentimientos. Cuando le caes bien a un chico, podés estar seguro que te lo va a hacer saber. Y si no le caes bien, también. Los chicos no conocen la falsedad. Es un ejemplo que deberíamos aprender los adultos. Cuando escondemos lo que sentimos, lo único que ganamos es alimentar una relación falsa o no darnos una oportunidad. Por poner dos ejemplos cortos: si la chica que me gusta no se entera, nunca voy a tener la chance de invitarla a salir. Por el otro lado, si mi pareja no sabe que ya no siento lo mismo, voy a estar alimentando una relación que quizás no debería ser.

Gracias a el aprendí que un bebé no tiene memoria del dolor. Un bebé que se agarra de la mesa para pararse y se cae y se golpea, vuelve a intentarlo ni bien deja de llorar. Y acá me meto en un punto de doble aprendizaje, porque el no tener memoria del dolor puede jugarnos en contra o a favor. No vaya a ser que por intentar y no rendirse, pequemos de reincidentes. Creo que fue Albert Einstein que dijo que “Si queres resultados distintos, no sigas haciendo lo mismo”. No hacer lo mismo y dejar de intentar son dos cosas diferentes.

Nada más mirarlo noté que los bebés son curiosos por naturaleza. Los bebés son observadores silenciosos. Desde la cuna o desde el suelo cuando son un poco más grandes, miran todo lo que pasa a su alrededor. Miran y copian en silencio. Es su forma de aprender. Son esponjas ansiosas de aprendizaje. Si los grandes tomáramos el ejemplo, probablemente tendríamos mucho más conocimiento, muchas menos frases sin sentido y definitivamente  muchas menos estupideces en nuestro haber.

Intentando hablar con el entendí que los bebés no hablan al  nacer, pero escuchan incluso desde que están en la panza. No en vano los oídos están más cerca del cerebro. Para escuchar primero y hablar después.Esto no quiere decir que los bebés no se comuniquen ni mucho menos. De hecho, al no poder hablar, desarrollan un lenguaje no verbal. Y eso también es muy rescatable. Cuando no tenemos las herramientas para determinado fin, desarrollemos nosotros mismos neustras propias herramientas. Si un bebé puede, por qué  nosotros no?
Los bebés son dependientes para casi todo. Si pudiéramos captar, como si fuese una fotografía, el momento exacto en el que un bebé descubre que puede gatear, o que se puede parar solo, o que sabe agarrar la mamadera y comer sin (tanta) ayuda, seguramente tendríamos una foto que expresara felicidad, independencia, orgullo propio. Cuántas veces en la vida terminamos conformándonos con la opción más fácil. “Vos empezá que yo te sigo”. Empezamos siendo dependientes, después nos volvemos facilistas, y después caemos en el conformismo. Cuando nos queremos acordar, ya dependemos de otros obligatoriamente porque estamos muy grandes para hacer las cosas por nosotros mismos.

Gracias a mi hijo me di cuenta que la vida es un juego. Por eso propongo que agarremos el mazo, elijamos nuestras cartas, y juguemos.

Quiero hacer un agradecimiento especial en este post a @DCquilibrado que me ayudó muchísimo y lo hizo de onda.

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Qué es ser feliz?

Que mala pregunta. Digo esto porque, en mi opinión, una pregunta tiene que ser, antes que nada, concisa. Y aparentemente nuestra pregunta no lo es, pero de todas formas merece, como cualquier otra pregunta, ser contestada.

La felicidad es, según la Real Academia Española, un “estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien.”

Podríamos decir que, en un principio, la consecución de bienes materiales es la que nos trae felicidad.

Pero si nos ponemos a pensar, el estado de ánimo es un estado espiritual, mental, por llamarlo de alguna manera. No es un estado físico. La fuerza, el agotamiento, la saciedad, el hambre, son estados físicos. Son estados del cuerpo, producidos por presencia o ausencia de algún elemento físico. cuando tengo hambre busco algo de comer y lo soluciono. Pero con la felicidad no pasa lo mismo. No puedo buscar algo material para llenar un vacío espiritual. Así como no puedo llenar mi estómago vacío con una canción que me haga sentir bien.

Bárbaro. Ya definimos a la felicidad como un estado espiritual. Pero cómo la encontramos? Es un estado constante? Se puede ser feliz todo el tiempo? Yo creo que sí. Porque así como la oscuridad no es algo por si misma, sino que se define como la ausencia de luz, en el caso opuesto, creo que la felicidad es la ausencia de angustia. Podemos estar preocupados y ser felices, podemos estar enojados y ser felices, podemos incluso sentir tristeza y ser felices, pero no podemos sentir angustia y ser felices. Porque a diferencia de los demás sentimientos, la angustia no depende de nosotros. Angustia es no saber lo que va a pasar. Es eso que nos provoca un nudo en la garganta, que no nos deja comer ni dormir tranquilos. Si tengo que definir la angustia, la defino como la existencia de dudas en la vida de una persona. El no saber es lo que crea angustia. Un alumno que espera un resultado de un examen (por poner un ejemplo no tan grave), es incluso peor que aquel que ya recibió una nota baja. El primero no sabe lo que le espera, el segundo sí. La situación del primero no depende de él, la del segundo sí. Y la felicidad es todo lo contrario, y lo que hacemos con eso. Ser feliz es tener la nota baja, pero saber que di todo de mí, y que la próxima voy a dar más todavía. Es aprender del pasado para mejorar el presente. Ser feliz es aprovechar todo el saber que tenemos en nuestro haber para poder salir adelante.

Desde el momento en que logremos disipar todas nuestras dudas, atesorar todos nuestros saberes y pararnos sobre todos nuestros problemas para  poder ver un poco más allá, la respuesta nuestra pregunta va a aparecer sola.

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Espíritu crítico

La mañana del último jueves, como muchas de las últimas, disfruté de un programa de radio vía Ustream, y de paso se los recomiendo, el #SocialShow. Me gusta porque se habla de todo. Desde fútbol y televisión, hasta política, religión y debates sobre temas de actualidad.

Y en ese programa del 26 de enero aprendí mucho. Podrán parecer pequeñeces, pero me gusta sacar provecho de todas las situaciones de mi vida, aunque no siempre sepa como. Sea como sea, hoy quiero rescatar la actitud de una persona. No la conozco mucho todavía y este post no es para hablar de el. Este post es para hablar de la actitud que aprendí de el (pero de todas maneras gracias @jluciof).

Creo que la descripción más acertada es “espíritu crítico”. Es el hecho de pensar las cosas, de no dejarse arrastrar por los pensamientos de otros. Cualquier persona, lo sepa o no, tiene ideales, filosofías, formas de pensar. Sobre la vida, las situaciones, las personas, incluso sobre sí mismo. aunque la persona diga que, por ejemplo, no tiene formada una opinión sobre algo, en el fondo siempre se está a favor o en contra. Messi me cae bien o me cae mal. Soy kirchnerista o no lo soy. Determinado libro es bueno o malo. Apoyo la ley S.O.P.A. o no.

El problema aparece cuando nos dejamos influenciar. La persona, por naturaleza, es influenciable. Es imposible estar inmune a los pensamientos de los demás. Para eso, tendríamos que vivir cada uno en una isla por separado, y la otra naturaleza de la persona, es que necesita vivir en sociedad.

¿Cómo hacemos entonces para tener nuestras propias opiniones, nuestras propias impresiones sobre todo lo que nos rodea?

Creo que la respuesta está en esta cualidad, virtud si se quiere, o actitud, mejor aún. El espíritu crítico debe ser una actitud frente a la vida. Para estar mejor, no con el mundo, sino con nosotros mismos. Tenemos que despensar y repensar todo lo que nos dicen. Volviendo a algunos de los ejemplos anteriores: viene una persona y te dice: “No leas ese libro, es malísimo”. Ok, gracias por el consejo, lo voy a tener en cuenta. Pero voy a leer la reseña, voy a ver de que se trata, voy a investigar por mi mismo y voy a buscarme mi propia opinión. Incluso voy a leerlo y después te diré si comparto o no la opinión. Pero voy a experimentar. De eso se trata, de experimentar.

No suelo acertar mucho. De hecho, creo que soy una persona que se equivoca mucho, siempre lo fui. Pero desde hace un tiempo, cambié mi manera de ver las cosas. Empecé a ver los errores más como enseñanzas que como fracasos. En mi opinión, un fracaso del que no se aprende nada, merece llamarse fracaso.

Para ir cerrando, me gustaría compartir con ustedes unos videos de alguien que habla del tema. Y creo que con algo de autoridad: Sir Ken Robinson

Parte 1

Parte 2

Beta Constante

En mi primer post, quiero compartir con ustedes un pensamiento, una filosofía, un concepto que lo tengo dando vueltas en la cabeza hace tiempo. No creo ser el único que alguna vez tuvo la sensación, en algún momento de la vida más que en otro, que la situación cambió aunque no lo hayamos buscado. Lo que venía siendo ya no es. Incluso si llevamos un estilo de vida monótono.

Aunque a veces no nos demos cuenta, el cambio en nuestras vidas es constante. Desde el inevitable hecho de que el tiempo pasa y somos cada vez más grandes (con las consecuencias que eso conlleva), hasta ese momento en que nos miramos al espejo y decimos “Quien hubiera pensado que yo estaría hoy acá y que habría logrado todo lo que logré”. Personalmente, intento ser bastante analítico. Cada vez que puedo, paro la pelota, levanto la vista y miro el campo de juego. Me sirve para saber donde estoy parado, para ver hacia donde debería intentar seguir, pero fundamentalmente, para ver las cosas que pasaron a mi alrededor. Como cambió mi entorno, como me cambió a mí, y como actué yo en consecuencia. Porque de ahí sale el concepto de Beta Constante. Beta Constante implica mejorar. Si ayer tenía algo y hoy cambió, pero no mejoró, entonces empeoró. La vida, las personas y las situaciones cambian, pero solo las personas tienen la capacidad -y por ende la obligación- de aprovechar esos cambios a su favor. Crisis es oportunidad. Está en nosotros verla. Crisis es coyuntura, falta de estructuras, momento de cambio. Cuando la situación a mi alrededor cambia, cuando no hay estructuras, es el mejor momento para acomodar lo que puedo acomodar para que, cuando la cosa se normalice, terminar mejor parado. Eso es lo que yo llamo Beta Constante.

Pero lograr eso no es fácil. Requiere de una serie de virtudes, y cada una de ellas, atribuida a cada una de las tres partes que nos hacen quienes somos: Mente, cuerpo y corazón (o el alma).

A la mente le tenemos que exigir optimismo. Si no somos positivos, terminamos antes de empezar. Necesitamos una cuota de fe para poder encontrar el crecimiento en cada oportunidad.

En segundo lugar tenemos al cuerpo, del que vamos a necesitar agilidad. Una vez que logramos ver la oportunidad, tenemos que movernos. Toda reacción necesita una acción anterior. Para que las cosas salgan como yo quiero, necesito actuar. Buscar el destino en lugar de esperarlo.

Y por último, pero no menos importante, está el corazón. El corazón es el que nos da la fuerza que el cuerpo necesita. Es el que siente incluso cuando la cabeza no puede pensar. Cuando la mente se rinde, tiene que ser el corazón el que diga que sí se puede. Escuché de una mujer que levantó un auto para sacar a su hijo de abajo.

Eso, para mí, es Beta Constante.

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